Iconografía Femenina y publicidad 3ª Parte

MARY QUANT TEARPROOF MASCARA, 1967

«La compañera ofrecida al fantasma sádico está aquí sintetizada en el primer plano de un ojo verde y lacrimoso de mujer, sugerencia explícita pero alterada si se pone en relación con la graciosa y desacralizante denominación del modelo (tearproof mascara) (máscara a prueba de lágrimas) y con el inverosímil slogan (Llora, niña, – pero sólo – si te has maquillado – con   MARY QUANT TEARPROOF MASCARA). Hay que destacar, no obstante, el sadismo indirecto en el uso del cínico imperativo «llora» y del familiar, atemorizado apelativo «niña» (baby). El pesimismo de quien fabrica y promueve imperneables al llanto para los ojos, da por supuesto su frecuencia y, en consecuencia, la eventualidad de motivos que lo determinan, además de la disposición de las lágrimas de una clientela obviamente tonta e infantilizada.«

«El fantasma sádico, combatido por las lógicas legislativas y mercantiles, se atestigua, de todas maneras, en formas patológicas o parasitarias en el sistema publicitario. Resiste en contextos humorísticos o melodramáticos, destaca acrobáticamente en un plano o en otro de la retórica, formulándose como símbolo de una coacción (en contraste con la liberación formulada por el producto) o como símbolo de la sujeción fetichista o ilusoria adquirida con el consumo. Es posible que esto se mantiene fuera del esquema mercantil, bajo el aspecto objetivo y suficiente de lapsus o secreción de excéntrica verdad por parte de los mismos publicistas.»

«Su alfabeto de expresión figurativa consiste ene le empleo de los instrumentos usuales del arsenal prevaricatorio (cadenas, cuerdas, cajas, tenazas) o se imágenes y episodios que representan los efectos de operaciones abusivas (mímicas que significan el ultraje, la tribulación, el pánico). El álgebra sádica se adueña de cualquier sector desprovisto del juego publicitario formulado en la dirección, inviste al sector anterior o posterior del consumo, brutaliza a la soporte, emerge del casual psíquico de lo técnicos y se sumerge en la casual público de una página de Harper´s Bazar.»

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